En el mismo café donde nos encontramos
esa noche
Afuera la ciudad
Dos extraños bajo las luces del parque
Tus labios color marrón y el cigarro en tu mano
derecha
La taza de café y los visitantes entre
las pinturas de Botero
Tus ojos claros y las preguntas que no
tenían respuesta –aún hoy no
las tienen-
El murmullo de la gente y tu manía
de mirarme y no mirarme
porque el mundo es una mierda
Las tantas preguntas que no nos
hicimos esa noche
El desesperado encuentro
furtivo
con el puto corazón a punto de reventar
y las ganas de abrazarse
pero la distancia por mínima que sea
es infranqueable
y el gesto nos traiciona y las tazas de café
y los cigarros y las ganas de mandarlo
todo al carajo
nos dejan sin decir palabra alguna
De nuevo el murmullo de los visitantes
Tu sonrisa y la aceptación del laberinto
donde estamos perdidos
cerca las manos y lejos las caricias
la distancia es infranqueable
y en el viaje del cigarro a tu boca
se ilumina la noche
Luego, el acuerdo de volverse a ver
El beso en la mejilla
La jodida virtud de tener
que inventarnos cada noche
desde ciudades diferentes
para vernos
aunque sea en la memoria
No hay comentarios:
Publicar un comentario