
Bel Morir
Cuando la infancia
vuelva
detrás de todas esas
silenciosas ventanas y
cortinas
y abras al azar
este libro de poemas
que dedico a mi derrota
Honra
con el más claro
azul silencio
como un lector incomprendido
ciego y loco
esta lenta monotonía de aria
descompuesta
Este Ballero de Canteloube
que intenté
en vano
transcribir
Tal vez lo peor que quedará
de mí
o de esta vieja
poesía
Versión Siniestra
Nada podrá predecirse
antes de la ausencia,
en estos amurallados castillos
de tus negaciones,
bajo esas frases que pierden su sentido
en ese vaporoso letargo de tu
cuerpo de fantasma.
Nada podrá predecirse del vuelo
último de los escarabajos
desde esta quietud incierta de la
tarde,
cuando los labios duelan las
palabras,
cuando un gesto no baste para reconstruir
cada piedra
donde habitaron, rara conjunción,
los deseos y la
carne.
Ahora hay un tumulto de luciérnagas
que te buscan,
una puerta abierta para dejar libre el
paso a esta ciudad,
una ventana y su golpeteo
interminable
como un niño
que te llora al viento
en medio de la
noche
Cuando la infancia
vuelva
detrás de todas esas
silenciosas ventanas y
cortinas
y abras al azar
este libro de poemas
que dedico a mi derrota
Honra
con el más claro
azul silencio
como un lector incomprendido
ciego y loco
esta lenta monotonía de aria
descompuesta
Este Ballero de Canteloube
que intenté
en vano
transcribir
Tal vez lo peor que quedará
de mí
o de esta vieja
poesía
Versión Siniestra
Nada podrá predecirse
antes de la ausencia,
en estos amurallados castillos
de tus negaciones,
bajo esas frases que pierden su sentido
en ese vaporoso letargo de tu
cuerpo de fantasma.
Nada podrá predecirse del vuelo
último de los escarabajos
desde esta quietud incierta de la
tarde,
cuando los labios duelan las
palabras,
cuando un gesto no baste para reconstruir
cada piedra
donde habitaron, rara conjunción,
los deseos y la
carne.
Ahora hay un tumulto de luciérnagas
que te buscan,
una puerta abierta para dejar libre el
paso a esta ciudad,
una ventana y su golpeteo
interminable
como un niño
que te llora al viento
en medio de la
noche
Piedras Vivas
En esta Iglesia no caben
las ruinas
de esas sentencias
después de tu partida,
los lamentos y las quejas de aquel
hombre -yo-
que guarda su mirada en el fondo de
algún acuoso bar
o los versículos nunca recitados de la
orfandad de Jesucristo en los labios de una
puta:
Papito, ¿por qué me has abandonado?
Y dirías que hay un margen de error
en nuestras banalidades,
creerás que nada queda después
del abandono,
que más valiera perder el sueño
tan vacío como nuestras
vidas
en esa procesión de arcángeles
detrás del ataúd de Dios.
Nadie escuchará nuestras voces,
no habrán distantes lenguas
en la danza
de las grullas
Nadie entrará a este reino
por su propia
voluntad.
En esta Iglesia no caben
las ruinas
de esas sentencias
después de tu partida,
los lamentos y las quejas de aquel
hombre -yo-
que guarda su mirada en el fondo de
algún acuoso bar
o los versículos nunca recitados de la
orfandad de Jesucristo en los labios de una
puta:
Papito, ¿por qué me has abandonado?
Y dirías que hay un margen de error
en nuestras banalidades,
creerás que nada queda después
del abandono,
que más valiera perder el sueño
tan vacío como nuestras
vidas
en esa procesión de arcángeles
detrás del ataúd de Dios.
Nadie escuchará nuestras voces,
no habrán distantes lenguas
en la danza
de las grullas
Nadie entrará a este reino
por su propia
voluntad.
La Comunidad Ajena
El equilibrio tiene la virtud
de su propio linaje,
nos envuelve a través de la desventura
de una humana dinastía que no tiene
principio.
Y sabemos que aguarda en el fondo
de alguna inmaculada historia,
en la sangre con la que levantamos todos
nuestros viejos y nuevos
edificios.
Tiene también
ese castigo del irreparable tiempo
que no perdona lo que nunca
concluimos:
algún poema alguna novela
tu sexo por ejemplo.
El equilibrio tiene una multitud
de anónimas piedras
en espera de nosotros
Un ataúd de sucias
papalotas
Fugaces
entre las sombras
de algún resplandeciente
y letrado
cementerio.
El equilibrio tiene la virtud
de su propio linaje,
nos envuelve a través de la desventura
de una humana dinastía que no tiene
principio.
Y sabemos que aguarda en el fondo
de alguna inmaculada historia,
en la sangre con la que levantamos todos
nuestros viejos y nuevos
edificios.
Tiene también
ese castigo del irreparable tiempo
que no perdona lo que nunca
concluimos:
algún poema alguna novela
tu sexo por ejemplo.
El equilibrio tiene una multitud
de anónimas piedras
en espera de nosotros
Un ataúd de sucias
papalotas
Fugaces
entre las sombras
de algún resplandeciente
y letrado
cementerio.
El Juglar Canta En La Hoguera
Podrán pasar cientos de
olvidados poemas
en el ojo de esta aguja
Una multitud de inéditas
palabras
a lomo de
camello
Se multiplican las imágenes
Se callan las frases los libros
como un tumulto de niños
que se ahogaron
en las aguas del cercano
puente
y nada quedará
de esta ingenua pretensión
del habla
De esta tormenta
de alcohol y fuego que nos
aguarda
al anochecer
a las afueras de esta
ciudad
No nos llorarán los ebrios ojos
poesía
cuando las primeras llamas
ardan inocentes
en las hojas de
esta hoguera
Podrán pasar cientos de
olvidados poemas
en el ojo de esta aguja
Una multitud de inéditas
palabras
a lomo de
camello
Se multiplican las imágenes
Se callan las frases los libros
como un tumulto de niños
que se ahogaron
en las aguas del cercano
puente
y nada quedará
de esta ingenua pretensión
del habla
De esta tormenta
de alcohol y fuego que nos
aguarda
al anochecer
a las afueras de esta
ciudad
No nos llorarán los ebrios ojos
poesía
cuando las primeras llamas
ardan inocentes
en las hojas de
esta hoguera
Pájaros En La Niebla
La tristeza más grande
guarda un algo de esta humedad
de luz amortiguada
Donde una voz como un rugido
lento
puede provenir del árbol más
lejano
de la noche
Y no basta este móvil
sitio de pájaros
alrededor de nuestros
cuerpos
No basta este callado
parloteo
Este asirse al deseo que nos
quiebra una a una cada
pluma
Porque somos una música
de aves inquietas
que rebota en las
paredes
Una voz como un resplandor
de cuchillas a pleno
vuelo
Somos pájaros en la
noche
Algo de este
frágil y oscuro
silencio del
poema
que
pervierte
Legio
Quizá tu pretensión de
musgo tenga algo del
olvido
Y tratas de ocultarte
en la parte más rugosa
húmeda
de la pared
Aquella donde niños
dibujamos camellos y
elefantes
Cuando el frío nos hacía
refugiarnos
alrededor del viejo quinqué
en la cocina
Y la voz de la abuela que nos
llamaba:
Heeerrrr, vociferáis y no estáis
dormidos
Entonces nos ocultábamos
detrás de los viejos
arcones
de Papá Rubén
y tu ojo vigilaba el
paso
de los tíos
en nuestra busca
El eco del bastón de la abuela
azotado sobre el piso
una y otra vez
Heeerrr, no estaréis ocultos
tanto tiempo
Y las horas se nos hacían
días
Los días
noches
La casa guardaba silencio
en todas sus
aldabas
No había ruido alguno
detrás de los espejos
sólo ese ronquido intermitente de
papá
El callado lloriqueo de
tu madre
Quizás tu pretensión de musgo
ya no baste
en las paredes
Porque sólo guarda esta
húmeda memoria
aquel lejano
día de tu
entierro
Las Raíces Son Otro Ataúd
I
Mi familia no
migró
Mi familia nunca
viajo a distantes
lugares
Siempre se quedó
aquí
a pesar del inminente
invierno
II
Cuanto odié
a las gaviotas
Cuantas noches esperé que
comenzaran a crecerme las
plumas
en los brazos
Pero las estaciones
se sucedían
para encanecerme
sin sentirlo
-una y
otra vez
III
Nadie imagina cuan
largas son las raíces que se
echan bajo
tierra
Lo profundas que se hunden
debajo de las piedras
en cualquier
ciudad
Quién pensaría
que esas raíces son parte
de la podrida
madera
con la que construirán
nuestro ajeno
y solitario
ataúd
Habrán de Caer Esas Murallas
I
Déjame esta voz
mi único testigo
Poesía
Un muro de ladrillos
como una enorme tumba
abierta
alrededor de esta
ciudad
(donde encontraremos a los
hijos de nuestros
hijos
muertos)
Donde tú seas el tempo
en galeras
La indecisión que nos hizo
escribir
algún primer
día
y publicarnos
póstumos
II
No dejes nada detrás de la
albarrada
de palabras
Poesía
si los ojos no cambian
su Destino
...
Esa lenta y reptante
desolación
que nos inocula su veneno
a través de las heridas
en la garganta y
las piernas
Nada ha cambiado tu ojo de reptil
Pequeña Poesía
Si acaso
tus piedras
ahora tienen un poco más
de musgo
y algo (no sé aún que
sea)
tan mío que se
quiebra
Ciudad De Siete Soles
En estas calles
la virtud tuvo tantos semblantes
Incluso
en algún momento
el de un repentino ataque al corazón
en el fondo de una vieja
cantina
O el malinterpretado presagio
de los poetas
ebrios de romanticismo
que envejecimos
en espera de tantas cartas de
respuesta (de amor, literarias, de premios,
de confesiones y excesos que nos
sobrevivirán)
Muchos ya se han ido
de este lugar
Los hemos visto marcharse
drogados
sonrientes
Otros han regresado para
no dejar huella
Y los demás seguimos aquí
tan ciegos
y sordos ante tanto elogio
Mudas estatuas de la política
y la burocracia cultural
...
Es cierto
La virtud nunca tuvo un buen
semblante
excepto hoy
-como la del padre ante el hijo
pródigo-
después de tantos infartos
hipertensión arterial
mentadas de madre y
traiciones
Hoy cuando algunos hemos dejado
la literatura como una moneda
al aire
y la mirada hacia atrás
para comenzar a rendirle cuentas
al dios tiempo
Lejanías
Detrás de esta puerta
se inventa el mundo
No hace falta nada:
Un poco de luz
Un libro a medio escribir
La vacilante pluma equilibrada
en medio del húmedo
silencio
Y el cuerpo al fondo
como en esa vieja pintura
de Degas
Sin flores
Rodeado de libros viejos
como marchitos
crisantemos
Detrás de esta puerta
habita el llanto y la
oración
La voz en cada
piedra que construyó
un vacilante
reino
(El mundo alrededor
de un viejo literato
que no encontró
respuesta alguna)
La tristeza más grande
guarda un algo de esta humedad
de luz amortiguada
Donde una voz como un rugido
lento
puede provenir del árbol más
lejano
de la noche
Y no basta este móvil
sitio de pájaros
alrededor de nuestros
cuerpos
No basta este callado
parloteo
Este asirse al deseo que nos
quiebra una a una cada
pluma
Porque somos una música
de aves inquietas
que rebota en las
paredes
Una voz como un resplandor
de cuchillas a pleno
vuelo
Somos pájaros en la
noche
Algo de este
frágil y oscuro
silencio del
poema
que
pervierte
Legio
Quizá tu pretensión de
musgo tenga algo del
olvido
Y tratas de ocultarte
en la parte más rugosa
húmeda
de la pared
Aquella donde niños
dibujamos camellos y
elefantes
Cuando el frío nos hacía
refugiarnos
alrededor del viejo quinqué
en la cocina
Y la voz de la abuela que nos
llamaba:
Heeerrrr, vociferáis y no estáis
dormidos
Entonces nos ocultábamos
detrás de los viejos
arcones
de Papá Rubén
y tu ojo vigilaba el
paso
de los tíos
en nuestra busca
El eco del bastón de la abuela
azotado sobre el piso
una y otra vez
Heeerrr, no estaréis ocultos
tanto tiempo
Y las horas se nos hacían
días
Los días
noches
La casa guardaba silencio
en todas sus
aldabas
No había ruido alguno
detrás de los espejos
sólo ese ronquido intermitente de
papá
El callado lloriqueo de
tu madre
Quizás tu pretensión de musgo
ya no baste
en las paredes
Porque sólo guarda esta
húmeda memoria
aquel lejano
día de tu
entierro
Las Raíces Son Otro Ataúd
I
Mi familia no
migró
Mi familia nunca
viajo a distantes
lugares
Siempre se quedó
aquí
a pesar del inminente
invierno
II
Cuanto odié
a las gaviotas
Cuantas noches esperé que
comenzaran a crecerme las
plumas
en los brazos
Pero las estaciones
se sucedían
para encanecerme
sin sentirlo
-una y
otra vez
III
Nadie imagina cuan
largas son las raíces que se
echan bajo
tierra
Lo profundas que se hunden
debajo de las piedras
en cualquier
ciudad
Quién pensaría
que esas raíces son parte
de la podrida
madera
con la que construirán
nuestro ajeno
y solitario
ataúd
Habrán de Caer Esas Murallas
I
Déjame esta voz
mi único testigo
Poesía
Un muro de ladrillos
como una enorme tumba
abierta
alrededor de esta
ciudad
(donde encontraremos a los
hijos de nuestros
hijos
muertos)
Donde tú seas el tempo
en galeras
La indecisión que nos hizo
escribir
algún primer
día
y publicarnos
póstumos
II
No dejes nada detrás de la
albarrada
de palabras
Poesía
si los ojos no cambian
su Destino
...
Esa lenta y reptante
desolación
que nos inocula su veneno
a través de las heridas
en la garganta y
las piernas
Nada ha cambiado tu ojo de reptil
Pequeña Poesía
Si acaso
tus piedras
ahora tienen un poco más
de musgo
y algo (no sé aún que
sea)
tan mío que se
quiebra
Ciudad De Siete Soles
En estas calles
la virtud tuvo tantos semblantes
Incluso
en algún momento
el de un repentino ataque al corazón
en el fondo de una vieja
cantina
O el malinterpretado presagio
de los poetas
ebrios de romanticismo
que envejecimos
en espera de tantas cartas de
respuesta (de amor, literarias, de premios,
de confesiones y excesos que nos
sobrevivirán)
Muchos ya se han ido
de este lugar
Los hemos visto marcharse
drogados
sonrientes
Otros han regresado para
no dejar huella
Y los demás seguimos aquí
tan ciegos
y sordos ante tanto elogio
Mudas estatuas de la política
y la burocracia cultural
...
Es cierto
La virtud nunca tuvo un buen
semblante
excepto hoy
-como la del padre ante el hijo
pródigo-
después de tantos infartos
hipertensión arterial
mentadas de madre y
traiciones
Hoy cuando algunos hemos dejado
la literatura como una moneda
al aire
y la mirada hacia atrás
para comenzar a rendirle cuentas
al dios tiempo
Lejanías
Detrás de esta puerta
se inventa el mundo
No hace falta nada:
Un poco de luz
Un libro a medio escribir
La vacilante pluma equilibrada
en medio del húmedo
silencio
Y el cuerpo al fondo
como en esa vieja pintura
de Degas
Sin flores
Rodeado de libros viejos
como marchitos
crisantemos
Detrás de esta puerta
habita el llanto y la
oración
La voz en cada
piedra que construyó
un vacilante
reino
(El mundo alrededor
de un viejo literato
que no encontró
respuesta alguna)
Al Simple Tacto De La Noche
Las paredes eran el refugio
necesario
de los cuerpos
La respiración
se batía a duelo
con las voces
allá abajo
-todos bebían
y bailaban-
Luego
el minuto de silencio
El recuento de los
daños
La humedad de la
ventana abierta
Las confesiones
con los ojos vacilantes
sobre unos muslos
tan extraños -nada es tan simple
para el tacto de la
ausencia-
Una lengua ajena
que salía de la
boca
Nada es tan simple
-me decía recostada
desnuda desde el
suelo-
Nada es tan simple
para el profano
tacto
del deseo
-y la ciudad
se sumergía
en los bordes
abiertos de sus
piernas
Si Vuelves a Morir, Poesía
Un hombre viene a este
bar
Se sienta a contemplar la lluvia
que cae cerveza a
cerveza (aunque él no bebe)
Busca en el periódico
las últimas noticias del ultraje
al poema
(en un juicio absurdo
que él mismo promovió)
Los espasmos de la ociosa
poesía
que tuvo algún nicho en
su vida
alguna vez
Un hombre busca su
álbum familiar
entre las necias ruinas
de la memoria
A través de la brumosa niebla
de una ebriedad intelectual
que no
hubo
y no comprende
no se explica dónde quedaron
esos sus tantos libros
que se auto publicó
Un hombre
ciego
con lentes de vidrio de
talla ancha (y estrecha mirada
que nada le permitió ver)
se recita para sí
uno de sus olvidados
textos
Y busca
al otro extremo de la
mesa
Al otro lado del mundo
a un interlocutor que nunca
le contestará
Distantes Ruinas
La Memoria
Los muros
Las puertas de ceniza están
abiertas
y lo que ahora puede
nombrarse
basta para levantar una
orgía de lluvias
perpetuas
alrededor de esta ciudad
Y la noche viene
incompleta piedra
al vuelo
Rota manija de una puerta
sin retorno
Donde alguien como tú
en el frío recuerdo de
su cuerpo
Llora lo que no pudo darse
Lo que pudo haber sido
pero las cenizas ensombrecen
las paredes de los
ojos
y el cuerpo se asfixia
se arruga como ese papel
donde estuvo escrito
un mal poema
...
Algo nos dejará la
poesía
Doce piedras
tal vez trece
Treinta días
humedeciendo las puertas
y las manos
Un instante quizás de
reposo
ciego
para que ese réquiem
del poema
al fin
baje tan humano
desde el muelle
Las paredes eran el refugio
necesario
de los cuerpos
La respiración
se batía a duelo
con las voces
allá abajo
-todos bebían
y bailaban-
Luego
el minuto de silencio
El recuento de los
daños
La humedad de la
ventana abierta
Las confesiones
con los ojos vacilantes
sobre unos muslos
tan extraños -nada es tan simple
para el tacto de la
ausencia-
Una lengua ajena
que salía de la
boca
Nada es tan simple
-me decía recostada
desnuda desde el
suelo-
Nada es tan simple
para el profano
tacto
del deseo
-y la ciudad
se sumergía
en los bordes
abiertos de sus
piernas
Si Vuelves a Morir, Poesía
Un hombre viene a este
bar
Se sienta a contemplar la lluvia
que cae cerveza a
cerveza (aunque él no bebe)
Busca en el periódico
las últimas noticias del ultraje
al poema
(en un juicio absurdo
que él mismo promovió)
Los espasmos de la ociosa
poesía
que tuvo algún nicho en
su vida
alguna vez
Un hombre busca su
álbum familiar
entre las necias ruinas
de la memoria
A través de la brumosa niebla
de una ebriedad intelectual
que no
hubo
y no comprende
no se explica dónde quedaron
esos sus tantos libros
que se auto publicó
Un hombre
ciego
con lentes de vidrio de
talla ancha (y estrecha mirada
que nada le permitió ver)
se recita para sí
uno de sus olvidados
textos
Y busca
al otro extremo de la
mesa
Al otro lado del mundo
a un interlocutor que nunca
le contestará
Distantes Ruinas
La Memoria
Los muros
Las puertas de ceniza están
abiertas
y lo que ahora puede
nombrarse
basta para levantar una
orgía de lluvias
perpetuas
alrededor de esta ciudad
Y la noche viene
incompleta piedra
al vuelo
Rota manija de una puerta
sin retorno
Donde alguien como tú
en el frío recuerdo de
su cuerpo
Llora lo que no pudo darse
Lo que pudo haber sido
pero las cenizas ensombrecen
las paredes de los
ojos
y el cuerpo se asfixia
se arruga como ese papel
donde estuvo escrito
un mal poema
...
Algo nos dejará la
poesía
Doce piedras
tal vez trece
Treinta días
humedeciendo las puertas
y las manos
Un instante quizás de
reposo
ciego
para que ese réquiem
del poema
al fin
baje tan humano
desde el muelle